Imaginemos una corriente de riqueza fluyendo de una generación a la siguiente, como un río caudaloso que redefine paisajes enteros. En los próximos años, se estima que una cantidad masiva de riqueza -decenas de billones de dólares a nivel global- pasará de manos de los baby boomers y la generación silenciosa a sus herederos.
De estos, se espera que una parte significativa se transfiera horizontalmente entre cónyuges (especialmente a mujeres, que representan la gran mayoría de los sobrevivientes en estos casos), y el resto verticalmente a generaciones más jóvenes. Esta «gran transferencia de riqueza» no es solo un evento financiero; es una oportunidad para familias enteras de construir legados duraderos, especialmente considerando que, en 2025, ya se registró un récord en el monto de herencias, con un aumento sustancial respecto al año anterior.
Y en este flujo, las mujeres emergen como protagonistas clave: se prevé que controlen una porción mayoritaria de estos activos, impulsadas por factores como mayor longevidad, roles crecientes en la fuerza laboral y dinámicas familiares modernas. Es claro que las mujeres enfrentan escenarios únicos: viven en promedio cinco a siete años más que los hombres, lo que implica una necesidad mayor de estrategias a largo plazo para cubrir retiros extendidos, cuidados de salud y posible viudez.
En nuestra práctica diaria en planificación patrimonial, observamos un patrón recurrente: las mujeres suelen ingresar al escenario de la protección de activos solo después de eventos disruptivos, como una separación, la viudez o la pérdida de un padre. Confesiones como “no, de eso se ocupaban los hombres de la familia” o “ni idea de qué se trata todo esto, traté de mantenerme siempre lejos de estas cosas” suenan hace años en cientos de nuestras reuniones. Hasta ese momento, a pesar de los avances en equidad de género que caracterizan nuestra era, en la mayoría de los casos son los hombres quienes asumen el control de las riendas del patrimonio familiar, manejando decisiones clave sobre inversiones, estructuras fiscales y legados. Esta dinámica, aunque común, no refleja el potencial completo de las familias modernas y suele dejar a las mujeres en situaciones de “reacción pasiva” en lugar de “liderazgo activo”.
Por el contrario, notamos estrategias y resultados exitosos cuando se consideran aspectos clave como el rol de los hombres como aliados y co-equipers esenciales -padres, esposos o herederos- que, al fomentar conversaciones abiertas y colaborativas, actúan como facilitadores protegiendo no solo el patrimonio de sus parejas o hijas, sino el de la familia entera. También cuando se da la participación temprana de todos los familiares, incluyendo mujeres y herederos, en discusiones clave, comunes; la designación de múltiples responsables, como cónyuges, hijos o asesores, junto con el conocimiento compartido sobre la composición patrimonial, la radicación de los activos y los contactos de proveedores, lo que distribuye el conocimiento y minimiza vulnerabilidades ante imprevistos. También suman las reuniones familiares regulares que permiten discutir expectativas y roles, y la educación financiera colaborativa, donde participar en foros y talleres empodera a las mujeres en temas de inversiones y riesgos.
Y es que de otra manera, los patrimonios familiares se están perdiendo de un gran valor que las mujeres aportan a la gestión patrimonial, con su perspectiva única y particular moldeada por experiencias diversas en roles multifacéticos -como cuidadoras, profesionales, conciliadoras y líderes comunitarias-, que ofrece un enfoque poderoso y complementario al de los hombres. Al involucrarse solo ellos en la toma de decisiones clave, los legados pierden poder porque carecen de la visión holística que las mujeres aportan: una mayor sensibilidad hacia el bienestar intergeneracional, la planificación para contingencias como la longevidad extendida o los cambios en las dinámicas familiares, y una inclinación hacia inversiones que generen no solo retornos
financieros, sino también beneficios sociales, ambientales, emocionales.
Cuando la «gran transferencia de riqueza» representa una oportunidad histórica para redefinir el futuro económico de las familias, ignorar el rol activo de las mujeres equivale a dejar caudalosas corrientes de potencial sin explorar.
Al empoderar a las mujeres desde temprano en la planificación patrimonial, las familias no solo protegen su riqueza, sino que la multiplican, tejiendo legados más robustos y perdurables
Everything’s gonna be alright. So, no woman, no wealth.