Ya pasó la primera mitad del año y naturalmente la época nos invita a una pausa, a pensar. En este momento de reflexión, también pensamos en planeamiento y revisamos tendencias. Y una tendencia que no pasa desapercibida y cobra cada vez más fuerza entre las familias que cuidan de sus patrimonios es la planificación intergeneracional que salta una —o más— generaciones, dirigiendo el legado directamente de abuelos a nietos y bisnietos a través de trusts, fundaciones de interés privado, fideicomisos y otras estructuras.

¿Por qué saltar una generación?

Esta tendencia no surge del azar, sino de una visión profunda que suele combinar varios o todos estos factores:

  • Los hijos ya están suficientemente cubiertos. Muchos abuelos observan que la generación intermedia ha alcanzado estabilidad económica y profesional. Transferirles más activos podría exponerlos innecesariamente a impuestos, riesgos (divorcios, acreedores, decisiones impulsivas) o simplemente no sumar valor significativo. Mejor reservar recursos para quienes más los necesitarán en las próximas décadas.
  • Una visión madura y afectiva: Esta estrategia responde a una realidad madura y afectiva: habiendo acompañado y apoyado directamente a nuestros hijos a lo largo de su desarrollo, permitiéndoles consolidar sus propios caminos, patrimonios y familias, muchos abuelos sienten ahora el deseo de mirar más allá y enfocar parte de su legado en las generaciones más tiernas.
  • Los desafíos que enfrentarán nietos y bisnietos. La IA está transformando empleos, habilidades y modelos económicos enteros. A esto se suman volatilidad geopolítica, cambios climáticos, inflación y disrupciones que exigirán resiliencia financiera. Un legado directo puede financiar educación de excelencia, emprendimientos, formación en nuevas tecnologías o simplemente un colchón de seguridad en un futuro menos predecible.
  • Flexibilidad frente a beneficiarios aún no nacidos. Una de las grandes ventajas de estas estructuras es que los beneficiarios (nietos o bisnietos) pueden incluso no existir al momento de su creación. Los trusts y fundaciones permiten designar “clases” o “categorías” de beneficiarios futuros, asegurando protección patrimonial inclusive para generaciones que aún no han nacido.
  • Optimización patrimonial y fiscal. En muchos de los países de la región, estas herramientas permiten proteger activos, minimizar cargas tributarias sucesorias y asegurar continuidad con control y eficiencia.
  • Legado emocional y valores familiares. Más allá del valor intrínseco del dinero, se trata de fortalecer vínculos entre abuelos y nietos, transmitir educación financiera desde temprano y alinear el patrimonio con una visión familiar perdurable.

Aspectos a considerar: la otra cara de la moneda

Esta aproximación exige madurez y una visión equilibrada:

  • Es fundamental una comunicación familiar transparente que permita explicar con claridad las motivaciones detrás de la estructura, evitando posibles resentimientos entre las generaciones.
  • Las herramientas elegidas deben incorporar flexibilidad inteligente, mediante cláusulas que permitan ajustes ante cambios imprevistos en las circunstancias familiares o del entorno.
  • El mejor legado combina los recursos económicos con una sólida educación y preparación de las generaciones más jóvenes en valores, responsabilidad financiera y comprensión del funcionamiento de la estructura.
  • El cumplimiento normativo resulta clave: es indispensable asegurarse de respetar las reglas de cada jurisdicción, las legítimas y las obligaciones fiscales, evitando así cualquier tipo de sorpresas para cualquiera de las generaciones.

Pensar en ciclos de vida más amplios, que incluyan a nietos y bisnietos, es una decisión estratégica y responsable. Estas estructuras permiten proteger y transmitir recursos de manera ordenada, anticipando necesidades futuras. Que el resto del año nos traiga claridad y buenas decisiones para fortalecer el futuro familiar.